22/11/2016

Conclusiones y presentaciones de la Jornada "El sector agroalimentario como contribuyente al cambio climático"

Dentro del ciclo Jornadas sobre los efectos del Cambio Climático en el Sector Agroalimentario organizado por la Fundación Lafer y el Instituto de Ingeniería de España, tuvo lugar el pasado miércoles 16 de noviembre la segunda jornada.

Inaugurada por Fernando Miranda, Director General de Producciones y Mercados Agrarios del MAGRAMA, y que contó con la presencia de expertos que pusieron de manifiesto los impactos que el cambio climático puede acarrear a la agricultura, así como la importancia que el sector tiene cómo primera frontera para su mitigación.

En su intervención Miranda ha planteado los diferentes retos y estrategias que están configurando actualmente las políticas en material de clima y medio ambiente, con incidencia en el sector agroalimentario. A este respecto resaltó la influencia que tendrán en el sector los Acuerdos de Paris, el Plan de Acción de la UE para la economía circular o la Estrategia sobre bioeconomía sostenible, entre otros compromisos e iniciativas. Se ha referido a los Acuerdos de París, en donde, por primera vez en la historia una mayoría de países, entre los que se encuentran los principales emisores del Planeta, se han puesto de acuerdo para reducir el ritmo de incremento de sus emisiones de gases de efecto invernadero y, con ello, el calentamiento global de la Tierra.

Fruto de este Acuerdo, ha señalado, la Comisión Europea elaboró una propuesta de reparto de esfuerzos entre Estados miembros para la reducción de gases de efecto invernadero de cara a 2030, para cuyo cumplimiento será necesario el esfuerzo de administraciones y sector, con el objeto de mantener la competitividad y capacidad productiva.

Fernando Miranda, señaló el “momento crucial” que atraviesa la planificación del futuro de la agricultura europea y recordó la importancia de la reducción de los gases efecto invernadero, que deben reducirse a más de la mitad en 2030 en Europa. “Tenemos que hacer que la agricultura cumpla con los compromisos firmados en el marco de la COP21 celebrado en París y firmado por 195 países”. En este sentido, remarcó la necesidad de una agricultura verdaderamente sostenible: “La agricultura de conservación también es vital para evitar la erosión y mantener la fertilidad de los suelos, por lo que hablamos de técnicas sostenibles que permiten al agricultor producir lo mismo, o incluso más, con menos costes. Miranda, hizo hincapié en las posibilidades de adaptación de la PAC de las que dispone el sector, destacándose entre dichas posibilidades una de las principales externalidades positivas de la actividad agraria; el secuestro de carbono a través de suelos agrícolas. Por ello, estas técnicas encajan perfectamente en la PAC y deben ser la base de la nueva reforma planteada en el horizonte 2020, que deberá responder a todos estos retos medioambientales”.

La agricultura y la industria agroalimentarias españolas, ha concluido el director general, deben poder seguir atendiendo la demanda de productos alimenticios de una población en crecimiento, aplicando el conocimiento para producir de una forma sostenible, compatible con los retos que debemos asumir entre todos. “Comercializar alimentos con la garantía de que en su producción se han utilizado menos recursos o sin haber emitido dióxido de carbono a la atmósfera comienza a ser ya hoy un argumento utilizado en otros países europeos a la hora de promocionar sus ventas”, fue otro de los aspectos que citó Miranda.

Declaraciones de Fernando Miranda a EFE Agro:


La Directora General de Sostenibilidad del Gobierno de Aragón, Sandra Ortega dio a conocer durante su intervención la iniciativa impulsada por el Gobierno de Aragón AGROCLIMA ARAGÓN, Un proyecto que tiene como objetivo la adaptación del sistema agroalimentario aragonés al cambio climático.

La Directora General afirmó que “El gran peso del sistema agroalimentario en la economía aragonesa determina la necesidad de encontrar la forma de protegerlo ante los efectos del cambio climático y a la vez, de incorporar prácticas sostenibles que conlleven menores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).”

Explicó que Agroclima parte de la concepción de que el entramado agroalimentario aragonés es lo suficientemente importante como para establecer estrategias de protección del mismo frente a los efectos del cambio climático y comprometerlo en el esfuerzo de mitigación de esos efectos y de adaptación al nuevo escenario que este cambio determine.

Seguidamente comentó que la participación activa y directa del sector se ha revelado como imprescindible para que se produzca un cambio en la percepción del fenómeno del cambio climático y para ello, el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad puso en marcha en 2015 el proyecto “Agroclima Aragón”.

Este programa se articula en torno a talleres de trabajo, en los que los agentes del sector junto a técnicos del Gobierno de Aragón trabajan para identificar las oportunidades de mejora a través de un diagnóstico de las posibilidades de contribución reales del sistema agroalimentario y de los riesgos asociados a los cambios en el clima. En este sentido, concluyó diciendo que “Asimismo, busca promover y facilitar la formación, la transferencia del conocimiento y la cooperación orientada a resultados y comprender las oportunidades de mejora que la mitigación y adaptación al cambio climático ofrecen a través de la innovación y la cooperación.”

Felipe Medina, Responsable de Cadena Alimentaria de Asedas explicó en el primer tramo de su intervención como el Acuerdo de Paris abre la puerta a una mayor mitigación y adaptación en el sector agroalimentario. Como representante del entorno empresarial, Medina habló de los retos y oportunidades que se plantean, y en concreto, citó los siguientes: la necesidad de integrar el cambio climático en la estrategia de negocio de la empresa, extender la gestión climática en las operaciones del sector y a asegurar un suministro sostenible de energía. Asimismo insistió en la necesidad de apoyar una gestión climática en la cadena de valor, responder a las expectativas de un consumo más sostenible, apoyado en mayor información y transparencia, y en definitiva, impulsar modelos de economía circular en sector.

Como representante de la distribución alimentaria, Medina habló de la necesidad de una comunidad científica que marque unas líneas maestras para el sector privado en lo referente al cambio climático, ya que como recordó la iniciativa privada ha estado en distintas ocasiones por delante de la normativa. Entre los ejemplos de buenas prácticas introducidas por la distribución quiso destacar algunas, como son la introducción de toallitas con material 100% biodegradable, la eliminación de cajas de cartón de un solo uso para productos frescos por otras de plástico o aquellas acciones vinculadas a reducir el consumo de bolsas de plástico de un solo uso.

Para cerrar su intervención quiso enfatizar que el sector agroalimentario se esfuerza cada día en ser más sostenible, que los procesos de mejora deben realizarse de forma sensata y sin afectar gravemente a los costes internos de las empresas puesto que de lo contrario, estos repercutirán en el eslabón final: el consumidor.

En el tramo final de la jornada, el Director del Área Agroalimentaria de la Fundación, Jorge Jordana moderó una mesa redonda donde participaron diferentes expertos en la que se puso de manifiesto que el cambio climático es un hecho y la agricultura es un sector especialmente vulnerable a sus impactos, por lo que hay que poner en marcha medidas de mitigación y adaptación. Partiendo de esta afirmación y teniendo en cuenta que la agricultura es el único sector que tiene la capacidad de producir gases efecto invernadero, y a la vez ser sumidero de ellos, se presentaron y analizaron diferentes medidas como el ajuste de la fertilización nitrogenada, el cambio por fertilización orgánica, implantación de cultivos intercalados, etc.

Las oportunidades para mitigar el cambio climático en la agricultura se pueden agrupar en tres categorías reducción de emisiones de CO2 N2O y CH4.

Antonio Vallejo comentó que los flujos de estos gases pueden reducirse mediante una gestión mas eficiente de los ciclos de carbono y nitrógeno en las practicas de cultivo. En este sentido, explicó que ir a sistemas con una menor dependencia de los fertilizantes nitrogenados reduciría la emisión de N2O.
El uso mas eficiente y racional de los fertilizantes pasa por realizar un ajuste de las dosis aplicadas basándose en la estimación precisa de las necesidades de los cultivos, que podría realizarse gracias a los cultivos de precisión, a la utilización de fertilizantes de liberación lenta o inhibidores de la nitrificación explicó Vallejo.

Jesus Llorente, expuso que la reducción de los gases de efecto invernadero es un requisito internacional en la actualidad. Señaló que el aumento poblacional y el modelo de consumismo han encaminado a la ganadería hacia una producción intensiva. En la actualidad, este sector contribuye al total de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropogénica, hasta un 14,5%, destacando la producción de carne y leche de vacuno.

La huella de carbono nace como una herramienta para conocer en qué situación ambiental se encuentra la organización, a la vez que sirve de indicador de sostenibilidad para mostrar cómo las medidas de reducción realizadas están consiguiendo su objetivo. Esta minimización del impacto supone una reducción de costes, haciendo a las empresas y sus productos más competitivos en el mercado.

Llorente explicó que la cría intensiva de ganado representa una fuente importante de gases de efecto invernadero a la atmósfera. El representante de Grupo Tragsa presentó datos sobre un estudio y evaluación técnica que han estado llevando a cabo desde la empresa pública sobre la relación directa existente entre  las mejoras en técnicas empleadas en la actividad ganadera y las emisiones en el sector ganadero. Estas técnicas se han evaluado siguiendo criterios científicos, valorándose tanto su repercusión sobre el medio ambiente, como sobre otras áreas de la producción, el bienestar o la sanidad ganadera, incluyendo los costes económicos de su implantación.

Oscar Veroz defiende el modelo de agricultura de conservación, una práctica innovadora con beneficios económicos y medioambientales.  La agricultura de conservación se sirve de técnicas de cultivo y de manejo de suelo que lo protegen de su erosión y degradación, mejoran su calidad y biodiversidad y contribuyen a la preservación de los recursos naturales (agua y aire), sin menoscabo de los niveles de producción de las explotaciones.

Veroz argumentó que en relación a la lucha contra el cambio climático desde el campo, es necesario fijar el carbono que se encuentra dentro del compuesto oxidado en el suelo, a la par que reducir las emisiones de gases con efecto invernadero en general. Según el portavoz de la Asociación Española de Agricultura de Conservación/Suelos Vivos  “las técnicas de conservación son capaces de fijar de media, hasta 5,68 toneladas por hectárea y año de CO2 más que las técnicas convencionales en los primeros 10 años de implantación. Asimismo, reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera hasta un 22%”.

“La agricultura de conservación puede representar, dentro de la cadena de producción agroalimentaria, un importante eslabón que ayude a reducir la huella de carbono dentro del sector agrario”, concluye el técnico.

Agustín del Prado sacó a debate si aumentar la productividad de los sistemas ganaderos podría mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ocasionadas por ese subsector.

La intensificación mediante mejora en la eficiencia del animal no conlleva  necesariamente una menor huella de carbono, ni una mejora en la rentabilidad de la explotación. Además esta mejora en la productividad puede estar motivando (directa o indirectamente) una mayor incidencia negativa en la longevidad y fertilidad de los animales.

Para el investigador es importante que se valore el potencial de la producción ganadera en rumiantes respecto a su capacidad de producir proteína animal a partir de biomasa que no compite en la cadena alimentaria humana.

Conclusiones finales
Finalmente, entre las principales conclusiones se destacó que uno de los retos a los que se enfrenta el sector agro-ganadero es sin duda, la mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático, con particular énfasis en aquellas regiones en las que es previsible un aumento de las temperaturas medias y los regímenes pluviométricos, como es el caso de la mayoría de las regiones de España.

La agricultura para ser viable en un futuro, ha de jugar necesariamente ese doble papel, potenciando aquellas practicas que contribuyan a la reducción de GEI y desarrollando aquellas estrategias que permitan a los agricultores y ganaderos adaptarse y aprovechar las oportunidades que se den en los nuevos escenarios que surjan como consecuencia del cambio climático.

En la actualidad la aproximación al tratamiento de la sostenibilidad de la agricultura desde un enfoque multidimensional resulta imprescindible para lograr un equilibrio entre la preservación y mejora del medio ambiente, la equidad social y la viabilidad financiera y económica y redundar así en el bienestar de todos los sectores productivos y ámbitos sociales.

Más información